Vivimos con el piloto automático puesto: trabajo, recados, mensajes, compromisos y mil cosas pendientes. Entre tanto ajetreo, es fácil olvidarnos de algo tan importante como dedicar un momento a nosotros mismos.
La rutina nos absorbe y, sin darnos cuenta, vamos dejando de lado el descanso, la conversación sin prisa, una buena lectura o simplemente el silencio. No se trata de grandes gestos ni de escapadas imposibles: a veces basta con diez minutos de calma, una taza de café sin mirar el teléfono o una caminata sin rumbo fijo.
La música también puede ser ese refugio: una canción a tiempo puede cambiar el ánimo de toda una tarde. Estos tiempos no son fáciles: la vida se ha vuelto dura, llena de obstáculos y de días que parecen pesarnos más de la cuenta. Por eso, más que nunca, regalarse un instante de sosiego no es egoísmo, es una forma de resistir y seguir adelante con el alma en pie.




