«¿Es verdad que vienen los Cinco?, ¿es cierto que Raúl va a hablar al mediodía?». Bien sabía el pueblo de Cuba que faltaban tres por venir, que un tiempito antes René y Fernando estaban ya en su tierra amada; pero no podían referirse a ninguno de ellos sin ese apelativo que les pertenece para siempre, el que detrás de un número similar al de las listas de la bandera cubana los identifica.

Fraguados en la conducta intachable que por más de 16 años sostuvieron, estos hombres sencillos y grandes se hicieron uno. Lejos del sol astro procuró tenerlos el imperio más poderoso del planeta, a ver si la oscuridad de las celdas castigaba la decorosa actitud de defender a su país del terrorismo –tantas veces por los siervos perpetrado–, pero en aquellas lobregueces brilló más alto el sol del compromiso, el de la palabra empeñada por el bien de ese mismo pueblo que hoy los sigue admirando, el que sabe que a Cuba le han nacido y le seguirán naciendo héroes como ellos, mientras el poder del mundo siga optando bochornosamente por el dominio de unos hombres sobre otros.

No podía entonces hablarse de dicha total respecto al caso de los Cinco hasta que Ramón, Antonio y Gerardo llegaran también. Así que aquel 17 de diciembre de 2014, cuando aquellas preguntas agitaban el corazón de un pueblo que sabía muy bien sacar cuentas, no había error matemático, sino la certeza de que el triunfo definitivo se alcanzaría en el abrazo entre ellos mismos y sus seres queridos.

Más grande que la esperanza es la convicción, y Cuba sabía que los Cinco regresarían. En la conciencia colectiva se guardaron para siempre aquellas palabras del Comandante en Jefe, tantas veces pasadas ante nuestros ojos, que calmaban el ánimo: «Solo les digo una cosa, volverán».

Aquel día memorable, cuando el General de Ejército Raúl Castro compareció en televisión, se ganaba la sostenida batalla por el regreso de los Cinco a su Patria.  Se anunciaba la añorada noticia y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Cuando se cumplen 23 años de la detención en Estados Unidos de los Cinco, justo es recordar la titánica proeza de quienes un día partieron para cuidar el sueño de Cuba y hoy, en suelo nuestro, se alistan en nuevas conquistas. 

 
 
 
 

corona-virus

  Autor: Lisandra González Machado / Fotos: Diana Guirola de la Fuente

 Si usted camina por las calles de Sagua la Grande, notará que casi siempre están bien limpias, con algunos casos indisciplinados que contribuyen de manera negativa y luego son los primeros en criticar lo mismo. Esto quiere decir, que la labor de los servicios comunales en la ciudad funciona como un reloj, al menos en sus arterias principales, de los barrios, mejor no hablemos. Por eso no sé que pensar ante esta imagen desgarradora que avanza varios metros por la senda izquierda de la carretera que se aleja de la ciudad camino a Quemado de Güines. Pasando el Hospital Mártires del 9 de abril, el Centro de Aislamiento del Dengue y justo frente al conocido T-14 se acumulan, en el hierbazal de lo que sería el contén de la acera, gran cantidad de agujas de desecho. El riesgo biológico que eso supone es altísimo y más por una zona, que aunque pudiera pensar que no, es altamente transitada, por aquellos adictos a mantenerse en forma. ¿Qué pudiera pasar, si alguien se hincara con una de estas agujas? ¿Quién sería el responsable? ¿La escasez de recursos para comprar contenedores de desecho? ¿La persona encargada de arrojar los mismos, o aquel que tiene que transportalos hasta su destino final? ¿O el pobre doliente que tenía que mirar mejor por dónde camina?


 

 

Sagua la Grande en tiempos de Covid-19.

  


 

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