Por: Bárbara Fortes Moya

 

Los jimaguas Daikel y Dankiel estaban inquietos y temerosos por el pinchazo de la vacuna. La mamá que los acompañaba Odeilys Benítez Ríos, les explicaba "si se portan bien y se dejan vacunar, pronto podrán ir a jugar y no se enfermarán de Coronavirus".

Llegaban de la mano de su progenitora al vacunatorio donde serían inmunizados pequeños de Sagua la Grande entre 2 y 10 años de edad. Entonces con la ingenuidad de sus cuatro años de vida, se quedaron tranquilos y accedieron a hacerse una foto y decir: "nos vacunan hoy".

"Realmente es un momento importante, es una suerte poder contar con esta posibilidad porque así los padres estamos más tranquilos. Ya mis pequeños al ser vacunados están protegidos y agradezco el esfuerzo de los científicos que trabajan por la salud de todos los cubanos, especialmente nuestros niños. Estoy muy feliz y le aconsejo a todos los padres que acudan y si su hijo puede ser inmunizado que no duden en hacerlo", expresó Odeilys.

En Sagua la Grande, como parte de la campaña nacional de vacunación infantil como está ndicado en el esquema de vacunación para estos pequeños, se realiza con la vacuna cubana Soberana 02, una dosis y la segunda, a los 28 días de la primera, una tercera dosis, al cabo de los 56 días de la inicial con Soberana Plus.

Los niños que se excluyen en esta vacunación: convalecientes de la Covid-19, los alérgicos al Tiomersal y quienes presenten alguna patología aguda que contraindique la inmunización, así como los que padezcan de una enfermedad crónica que en el momento de la vacunación se encuentre descompensada, quedarán pendientes, puntualizó la licenciada Damarys Raimundo sub directora de Higiene y Epidemiología en el municipio.

Círculos infantiles y escuelas de Sagua la Grande, devenidos vacunatorios para que los que saben querer, como dijera el Apóstol José Martí, reciben un pinchazo de amor y salud.

Cuba es la primera nación del mundo en vacunar a la población entre 2 y 18 añós de edad. Otro logro de la salud en nuestro país.

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  Autor: Lisandra González Machado / Fotos: Diana Guirola de la Fuente

 Si usted camina por las calles de Sagua la Grande, notará que casi siempre están bien limpias, con algunos casos indisciplinados que contribuyen de manera negativa y luego son los primeros en criticar lo mismo. Esto quiere decir, que la labor de los servicios comunales en la ciudad funciona como un reloj, al menos en sus arterias principales, de los barrios, mejor no hablemos. Por eso no sé que pensar ante esta imagen desgarradora que avanza varios metros por la senda izquierda de la carretera que se aleja de la ciudad camino a Quemado de Güines. Pasando el Hospital Mártires del 9 de abril, el Centro de Aislamiento del Dengue y justo frente al conocido T-14 se acumulan, en el hierbazal de lo que sería el contén de la acera, gran cantidad de agujas de desecho. El riesgo biológico que eso supone es altísimo y más por una zona, que aunque pudiera pensar que no, es altamente transitada, por aquellos adictos a mantenerse en forma. ¿Qué pudiera pasar, si alguien se hincara con una de estas agujas? ¿Quién sería el responsable? ¿La escasez de recursos para comprar contenedores de desecho? ¿La persona encargada de arrojar los mismos, o aquel que tiene que transportalos hasta su destino final? ¿O el pobre doliente que tenía que mirar mejor por dónde camina?


 

 

Sagua la Grande en tiempos de Covid-19.

  


 

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