Por: Liuva Sarduy González

 


El 30 de septiembre de 1996 es una fecha inolvidable para los villaclareños. En especial para los residentes oficiales y de turno en Santa Clara.

Había un run run desde bien temprano en la mañana. Yo, en la Universidad, sin acceso a la radio u otro medio de comunicación solo me enteré por mis profesores, que aquel día solo atinaban a hablar de Fidel, de su apego a los jóvenes, de sus esfuerzos porque estudiáramos, de su condición de líder. Entonces supe que no hacía falta mucha convocatoria. Esa noche estaríamos todos en la Plaza.

Fue mi primera vez allí. Y sé que desde ese lugar, el sitio dedicado en Villa Clara a honrar a Ernesto Guevara me atrapa, me envuelve, me obliga a ir una y otra vez. Así hizo Fidel aquella tarde noche llena de expectativas para todos.

En una plaza cada vez más llena y dispuesta a recibir a todo el que llegara, el pueblo de Villa Clara, de Santa Clara, escuchó a Fidel. Atento, feliz, el auditorio rió, compartió y hasta lloró con el eterno e imbatible Comandante en Jefe, a quien no lo amedrentó la llovizna que después fue lluvia ni la noche que caía sobre una ciudad a la que le quedaba mucha historia que contar.

Hace 21 años de aquel 30 de septiembre. Para mí es una fecha tan histórica como su entrada a La Habana o la Declaración del carácter socialista de la Revolución.

Los villaclareños que estuvimos ahí no lo olvidamos. Desde aquel día fuimos más pueblo, más Villa Clara, más Fidel. Y cuando veo las fotos, escucho el discurso, rememoro en el tiempo me basta con decir: el 30 de septiembre de 1996 Fidel habló a los villaclareños. Era un mar de pueblo… y yo también estuve ahí.

 

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  Autor: Lisandra González Machado / Fotos: Diana Guirola de la Fuente

 Estos baches, cual portales a otra dimensión, abundan en las bicentenarias calles del centro histórico de Sagua la Grande. Algunos, ya mostrados en esta sección, se etiquetaron y destacaron con vallas protectoras para evitar accidentes, o se bloqueó completamente una cuadra (Marta Abreu / Céspedes y Solís), otros más modernos y dinámicos se hacen sentir con una bolsa plástica sujetada a un madero, por aquello de la visibilidad nocturna versus carencias de pinturas reflectivas o luces de neón. Pero, otros, se han convertido en los más osados cuando; por miedo, claro, ante los curiosos inquietos que quieren investigar qué guarda Sagua por dentro, son cubiertos por señales de tránsito que prohíben la entrada ¡Ojo! Fíjese bien y no se confunda, es una señal de "Entrada Prohibida".


 

 

Sagua la Grande en tiempos de Covid-19.

  


 

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