En medio de un proceso de ajuste del capital humano de esta misión, Cuba prepara al personal venezolano que hará sustentable los propósitos del proyecto.

Durante el año 2017, más de dos millones de venezolanos recibieron en los barrios de los 24 estados del país los beneficios de las actividades de cultura física y recreación organizadas para ellos por colaboradores cubanos de la Misión Deportiva.

Porque el deporte es otro frente de las revoluciones, 18 900 de estas actividades tuvieron lugar en comunidades muy humildes que poco a poco tonifican, como los músculos de su gente, el espíritu para hacer «goles» sociales pese a las continuas «faltas» del bloqueo exterior y la contra lacaya.

Esos asuntos de deporte y revolución matizaron el debate del resumen de trabajo anual de la Misión Deportiva cubana aquí, que contó con la asistencia de Pedro Infante, ministro del Poder Popular para la Juventud y el Deporte de Venezuela, y de Víctor Gaute López, jefe de la Oficina de Atención a las Misiones cubanas en la nación bolivariana.

Tras una reducción del contingente –que continúa en la misma medida en que Cuba apoya la formación de personal calificado venezolano–, en estos momentos hacen labor internacionalista 853 representantes del sector, entre los que se incluyen funcionarios, entrenadores, profesores y especialistas de salud.

Con la mirada en las amplias bases de la sociedad venezolana, en el 2017 los colaboradores del deporte se enfrascaron en fortalecer el proyecto Barrio Adentro Deportivo –que ya cuenta 13 años– y, en particular, en preparar al relevo que sigue la labor cuando los cubanos culminan su tarea. Desde esa cumbre que es la comunidad capacitaron igualmente a jueces y árbitros de diversas disciplinas y se incorporaron al trabajo del movimiento Somos Venezuela para identificar, en su esfera, los problemas de los humildes de este pueblo.

Por estos días, muchos regresan a la Patria mientras otros permanecen aquí con tareas multiplicadas, pero todos coinciden en un único interés, enunciado por José Cedeño Tamayo, el jefe de nuestra Misión Deportiva: convertir a Venezuela en potencia mundial.

Con parte de ese trecho ganado y medallas como evidencia, quienes vuelven a Cuba lo hacen con el diploma de misión cumplida, una cálida despedida entre compañeros y una carta sellada de la Misión a sus familiares donde les dice de los suyos… esas cosas grandes que todos imaginamos.

Nuestro deporte tiene aquí a valiosos exponentes como Eduardo Moreno Velázquez y Dioscles García Cuza, quienes al término de honroso de-sempeño ganaron el retorno a la Isla con la condecoración «Aniversario de la misión Barrio Adentro Deportivo», creada justamente para cubanos de su estirpe.

Más allá de que 20 cubanos preparen a más de diez selecciones nacionales venezolanas de alto rendimiento y de que 247 hagan lo mismo en estados distantes de la capital, sobre los 45 médicos que cuidan el binomio salud-deporte, los profesores y activistas desplegados en centenares de parajes bolivarianos, está afincada una fuerte raíz solidaria.

Al darles a los nuestros el «reconocimiento mayor», Pedro Infante, el ministro venezolano, comentaba el fundamento de esa raíz: «Tenemos el mismo enemigo que ha aplicado contra nosotros el mismo esquema, y damos la misma respuesta: resistencia».

El joven ministro, formado en La Habana como licenciado, recibió en la reunión su título de Máster en administración y gestión de la Cultura Física y el Deporte, expedido por nuestra Universidad «Manuel Fajardo». Como las misiones sociales –que al decir de Víctor Gaute ya forman parte del sello distintivo de la Revolución Bolivariana–, la historia de Pedro Infante es otro capítulo en el libro de hermandad entre Cuba y Venezuela.

Tomado de CMHW http://www.cmhw.cu/internacionales/11986-solidaridad-deportiva-con-venezuela

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  Autor: Lisandra González Machado / Fotos: Diana Guirola de la Fuente

 Estos baches, cual portales a otra dimensión, abundan en las bicentenarias calles del centro histórico de Sagua la Grande. Algunos, ya mostrados en esta sección, se etiquetaron y destacaron con vallas protectoras para evitar accidentes, o se bloqueó completamente una cuadra (Marta Abreu / Céspedes y Solís), otros más modernos y dinámicos se hacen sentir con una bolsa plástica sujetada a un madero, por aquello de la visibilidad nocturna versus carencias de pinturas reflectivas o luces de neón. Pero, otros, se han convertido en los más osados cuando; por miedo, claro, ante los curiosos inquietos que quieren investigar qué guarda Sagua por dentro, son cubiertos por señales de tránsito que prohíben la entrada ¡Ojo! Fíjese bien y no se confunda, es una señal de "Entrada Prohibida".


 

 

Sagua la Grande en tiempos de Covid-19.

  


 

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