El cementerio patrimonial Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, es sitio de peregrinación para hombres y mujeres de todo el mundo


 

Redacción Radio Sagua

 

Desde cualquier punto de Cuba o del mundo puede surgir la iniciativa. Casi por unanimidad se acepta y se cumple. Se traza entonces el plan, porque el destino es conocido: Santa Ifigenia, el Mausoleo de la Patria, donde descansan el cuerpo y movilizan la mente grande hombres y mujeres de esta Isla. Desde allí dialogan con nosotros y nos dan la mano, para seguir guiando el destino de Cuba, ya libre.

Ahí están Mariana Grajales y Carlos Manuel de Céspedes, todavía dando forma a la nación que vieron nacer. Más allá, Martí, en el centro de la mirada, en sitio que, aunque grande, no es nada ante su descomunal ternura, inteligencia, sensibilidad y trascendencia.

Hasta allá, en la indómita Santiago, llegan cada día nuestros pasos y pensamientos. Gente de todas latitudes quieren ver el camposanto, porque también allí, todavía bebiendo de la sabiduría de otros próceres, está el mejor hijo de Mariana y Carlos Manuel, el mejor alumno de Martí. Allí, en tierna y humilde presencia, está Fidel.

Ante el modesto monolito, solo adornado por la lápida que lo señala como la morada eterna del líder, la vida se transforma. Ante la impresionante pierda-monumento, guardiana de un cubano cabal, el patriotismo se exacerba.

No es, ni mucho menos, un lugar de culto. No lo quisiera Fidel. Es un sitio para seguir conversando con él, para hablar de Cuba y de sus hijos, del futuro y sus entuertos, del enemigo y de sus mañas, de la Revolución y sus retos.

Escuche aquí, las impresiones de la periodista Diana Fleites Rodríguez sobre sus visitas a ese punto de la geografía nacional

 

 

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