Por: Maylen Paz Treto

 

Armando Castillo Acevedo al fin cree que valió la pena el sacrificio.

Aunque su profesión, entre tizas y pupitres, lo apasiona, confiesa que se ha visto tentado a marcharse del sector Educación, porque realmente el sacrificio no tenía la retribución merecida.

Contra todos luchó Armandito, estudiante de excelente notas en la vocacional, cuando su decisión de optar por una carrera de perfil pedagógico revolucionó casi que a la provincia entera. Porque un estudiante tan aventajado podía ser hasta físico nuclear.

Pero venció el amor por el magisterio. Ese amor lo ha anclado al Instituto Preuniversitario  Miguel Diosdado Pérez Pimentel en el que labora desde su graduación como profesor de Español Literatura. Ese amor lo ha frenado de tomar decisiones como enrumbarse hacia otros caminos mejor remunerados.

Por eso hoy agradece la determinación del estado cubano de aumentar los salarios a muchos profesionales que, como los maestros, lo merecían hacía mucho tiempo.

«Esta es una gran alegría para todos. Nosotros los maestros tenemos una gran responsabilidad, es mucha la carga docente que tenemos encima. No se nos da mérito suficiente y sin embargo nos exige la familia de los alumnos y la sociedad en general. Espero que esto no solo haga que nos motivemos en nuestro trabajo si no que ahora se eleve el prestigio de esta profesión que en parte se vio afectado por el bajo salario que recibíamos». —nos comenta emocionado.

Sin dudas, llegó el momento esperado por muchos. El esfuerzo de grandes profesionales como Armando a partir de ahora recibirá una gratificación merecida.

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