Ya no camina con el mismo ímpetu de los años en que comenzó su vida laboral, pero su compromiso con el trabajo sigue intacto, sostenido por una fuerza de voluntad que parece inagotable.
Si se le llama por su nombre, pocos sabrán identificarlo. Pero su apellido, Sarmiento, es hoy un eslabón imprescindible en la historia de la Electroquímica de Sagua, empresa perteneciente al Ministerio de Industria.
Sarmiento tiene 76 años, más de cincuenta de ellos dedicados al trabajo. «Me gustaba la mecánica, pero luego me decidí a estudiar la especialidad de Instrumentación, una carrera complicada», confiesa.
A esa edad, no habla de descanso, su entrega a la labor que realiza lo convirtió en un trabajador jubilado recontratado. Continúa subiendo a la planta como el mismo instrumentista que llegó hace décadas a la Electroquímica de Sagua y decidió quedarse, ganándose con los años el aprecio y el respeto de sus compañeros, quienes lo recuerdan como el hombre que ha entregado más de medio siglo al grupo empresarial de la industria química cubana.
Historias como la de Sarmiento son, en gran medida, el sostén silencioso de la industria cubana: hombres y mujeres que han hecho del trabajo diario una forma de vida.




