Hoy el mundo se viste de azul. Pero más allá del color, hoy se nos invita a mirar de otra manera. A mirar con el corazón.
El autismo no es una enfermedad. No es un castigo. Es una forma diferente de estar en el mundo. De sentirlo. De escucharlo. De entenderlo.
Hay personas que sienten el ruido como un golpe. Hay quienes necesitan repetir un gesto para sentirse seguras. Hay personas que no miran a los ojos, pero que sienten más profundo que nadie. Hay quienes no hablan, pero que gritan amor con su silencio.
Detrás de cada diagnóstico hay una historia. Hay una madre que madrugó una vez más. Un padre que aprendió a ser terapeuta. Un hermano que creció siendo traductor de gestos. Un maestro que decidió no rendirse.
Ser diferente no es ser menos. Es simplemente ser.
El Día Mundial del Autismo no es para lamentarnos. Es para aprender. Para preguntarnos: ¿estamos construyendo un mundo donde quepamos todos? ¿O seguimos exigiendo que todos encajen en un molde que no fue hecho para ellos?
La inclusión no es un favor. Es un derecho. Y empieza en cada mirada que no juzga, en cada palabra que no lastima, en cada espacio que se abre para que otro pueda existir sin máscaras.

En Cuba, una mirada que crece
En la Isla, existen tres mil 500 personas registradas con el espectro autista, el 60 por ciento de ellas del sexo masculino. El sistema cubano prioriza los diagnósticos precoces y las terapias personalizadas en todas las provincias, con una tasa de incidencia de 0,36 por cada mil habitantes. Cuentan con más de 300 profesionales sanitarios especializados que fortalecen las estrategias de atención, basadas en la empatía y la consagración.
Villa Clara es una de las provincias con mayor tradición en estas celebraciones. Cada 2 de abril se tiñe de azul bajo el lema “Día Azul”, en alusión a las tonalidades que representan esta condición, donde las diferentes tonalidades reflejan la diversidad del espectro. Se realizan actividades durante toda la semana en vínculo con la Organización de Pioneros José Martí, la Unión de Jóvenes Comunistas, el comercio y la gastronomía, y otros sectores. Las familias pueden encontrar espacios de orientación, presentaciones artísticas, juegos y encuentros con especialistas en salud mental del territorio.
A nivel nacional, desde 2018 funciona el Servicio Especializado para la Atención Integral a los Trastornos de Neurodesarrollo, con especial énfasis en el autismo. Con siete especialidades y sede en el Hospital Borrás-Marfán, este servicio ha asistido a más de mil 750 niños y adolescentes, logrando que el 70 por ciento de los pacientes aumenten su comunicación y autonomía.
Historias que nos tocan el alma
“Él terminó en junio su grado de Preescolar y concluyó en dos escuelas porque su atención era combinada: asistía tres días a la escuela de autismo y dos días de la semana a la escuela de lenguaje”, explicó la madre Yislainet Lara Apezteguia, quien denunció la exclusión escolar de su hijo Félix Berto Fernández Lara, un niño de seis años con autismo severo, para visibilizar las limitaciones del sistema educativo inclusivo en Cuba.
Otra madre cubana, Lisy García Valdés, denunció que su hijo con autismo (sensible a olores, sonidos y con atención dispersa) debía compartir su aula con el comedor escolar en la Escuela Especial “Marta Abreu” de Santa Clara. “Claro, él solo recibe preparación para la vida, y yo me pregunto, ¿qué vida? ¿Para qué vida lo están preparando?”, escribió en redes.
Son testimonios reales, con nombres y apellidos, que nos recuerdan que aún queda mucho camino por andar en la construcción de una verdadera inclusión.
Al final, solo importa el amor
Hoy, 2 de abril, te invito a detenerte. A escuchar. A observar. A aceptar que no todos vivimos la vida del mismo color, y que esa diversidad es, precisamente, lo que nos hace humanos.
Porque al final del día, lo que todos buscamos es lo mismo: ser vistos, ser escuchados, ser amados tal como somos.
Hoy y siempre: respeto, empatía y amor por las personas con autismo.



