Aquel 8 y 10 de abril de 1958: Dos jornadas de memoria en Sagua la Grande

Por: René Morales Muñoz
09 / Abr / 2026

A 68 años de los sucesos que precedieron y siguieron a la Huelga Revolucionaria del 9 de abril, la Villa del Undoso vivió una jornada doble de recuerdos, emociones y encuentros entre generaciones. Por un lado, los estudiantes del seminternado Héctor Rodríguez de Sitiecito escucharon el testimonio de Alfredo Niebla Rodríguez, combatiente de 94 años. Por otro, los alumnos del Instituto Preuniversitario Miguel Diosdado Pérez Pimentel rindieron tributo a los caídos el 10 de abril de 1958, en un acto guiado por el historiador José Miguel Pérez Dib y con la presencia del también combatiente Oscar Mario Faya Tillán.

Sitiecito: la memoria viva de un combatiente de 94 años

Fue en la tarde del miércoles cuando los niños y jóvenes del seminternado Héctor Rodríguez se reunieron alrededor de Alfredo Niebla Rodríguez. Con la serenidad que dan los años y la firmeza de quien fue protagonista, comenzó a desgranar recuerdos de lo ocurrido el 8 de abril de 1958, apenas horas antes del estallido de la huelga que paralizaría a gran parte del país.

Alfredo Niebla no solo vivió aquellos acontecimientos: fue parte activa de ellos. A sus 94 años, su voz aún conserva la claridad de quien guarda en la memoria cada detalle. Los estudiantes lo escuchaban con atención, algunos con los ojos muy abiertos, otros con el cuaderno en la mano, tomando notas. Para ellos, aquel hombre canoso no era solo un anciano amable: era un pedazo de la historia de Cuba, un puente viviente hacia una época donde la juventud también tuvo que decidirse entre el miedo y la rebeldía.

Niebla Rodríguez relató cómo se organizaron los jóvenes del territorio, las consignas que corrían de boca en boca, el riesgo constante de ser detenidos y la certeza de que cada minuto contaba. Los alumnos recibieron una lección que ningún manual puede ofrecer: la de un hombre que estuvo allí.

El preuniversitario: tributo a los caídos del 10 de abril

Mientras tanto, en el Instituto Preuniversitario Miguel Diosdado Pérez Pimentel, la recordación tomó otro tono, no menos emotivo. Allí, el historiador José Miguel Pérez Dib condujo un acto de homenaje a los combatientes que cayeron el 10 de abril de 1958, luego de los sucesos de la huelga. Días de persecución, de fusilamientos sumarios, de resistencia a pesar de la derrota momentánea.

En este recordatorio participó Oscar Mario Faya Tillán, otro sobreviviente de aquella gesta. Faya, a quien muchos conocen como «Fayitas», ya había compartido sus vivencias con los pioneros de la escuela José de la Luz y Caballero días atrás. Allí, frente a la tarja de los caídos, relató cómo con 17 años integró un comando de 10 combatientes que tomaron la antigua clínica conocida como La Colonia Española. Casi sin armas y con el apoyo del pueblo a la huelga, revivió esa heroica página de la historia local.

Hoy, de aquellos participantes, solo quedan siete combatientes con vida. Faya, a sus 85 años, y Niebla, a sus 94, son dos de ellos. Y siguen contando.

Un legado que no debe perderse

Actividades como estas, organizadas por la Asociación de Combatientes y los centros educativos, son vitales para que las nuevas generaciones no olviden el sacrificio de aquellos que lucharon por un país más justo. En tiempos donde el ruido informativo abunda, la palabra directa de un testigo tiene un valor incalculable.

Tanto en Sitiecito como en la ciudad, los jóvenes escucharon, preguntaron, se fotografiaron junto a los veteranos. Alfredo Niebla y Oscar Mario Faya, con sus sonrisas cansadas pero lúcidas, lograron que aquellos muchachos y muchachas comprendieran que la historia no es solo una fecha en el calendario, sino una cadena de decisiones, de riesgos y de amor por la patria.

Sagua la Grande, abril de 2026. 68 años después, la historia sigue viva.