El 20 de octubre es una fecha que late en el corazón de todos los cubanos. Cada año, cuando se celebra el Día de la Cultura Cubana, no solo se rinde homenaje a los artistas y creadores, sino que se conmemora el momento exacto en que la nación empezó a soñarse a sí misma.
Todo se remonta a 1868. Diez días después del Grito de La Demajagua, las tropas mambisas al mando de Carlos Manuel de Céspedes tomaron la ciudad de Bayamo. En medio del júbilo, el pueblo, que ya conocía la melodía de una marcha compuesta por el patriota bayamés Pedro “Perucho” Figueredo, exigió que se le pusiera letra. La historia cuenta que Figueredo, montado a caballo, sacó una hoja de su cartera y escribió allí mismo los versos que llamaban al combate y proclamaban la máxima de “Morir por la Patria es vivir”. Había nacido “La Bayamesa”, la marcha que se convertiría en el Himno Nacional de Cuba.
No fue hasta 1980 que se instituyó oficialmente esta fecha. Correspondió al entonces Ministro de Cultura, Armando Hart Dávalos, la iniciativa de honrar la cultura nacional en una fecha especial. El Consejo de Ministros aprobó, mediante el Decreto No. 74 del 22 de agosto de 1980, que el 20 de octubre fuera el día de la cultura cubana. La conclusión fue contundente: ninguna fecha representaba mejor el nacimiento de una nación rebelde y de su identidad que aquel día en que se entonó por primera vez el Himno de Bayamo.
Hoy, cuando se celebra el Día de la Cultura Cubana, la jornada no se limita a la música o la literatura. Como bien expresara José Martí, la cultura es “la madre del decoro, la savia de la libertad”. Por eso, cada 20 de octubre, Cuba entera se mira en el espejo de aquel pueblo que, en medio del fragor de la batalla, encontró en un canto la razón más profunda para ser libre.




