Sagua la Grande, cuna de tradiciones afrocubanas (+Fotos)

Por: Henry Javier Pérez Bouza
20 / Oct / 2026

Kunalumbo está situado en el popular barrio de Pueblo Nuevo, en la ciudad villaclareña de Sagua la Grande. Siendo difícil de datar su fundación, dada la poca información existente, sí podemos conjeturar que fue sobre 1809 o una fecha cercana a esa primera década del siglo XIX, lo que le otorga la condición de ser el Cabildo más antiguo de Cuba, mérito mayor si agregamos que se encuentra en pleno funcionamiento en la actualidad.

Los miembros de esta institución religiosa desde su fundación mantienen celosamente el legado de sus antepasados, tradiciones llegadas a la región en épocas coloniales. Los fundadores del Cabildo fueron antiguos esclavos de origen bantú, aunque identificados por el resto de la población como de origen Congo, razón por la cual el Cabildo Kunalumbo también era conocido con el Cabildo de los Congos.

Desde las primeras décadas del siglo XIX, el Cabildo Kunalumbo fue un importante centro de reunión para la población africana radicada en Sagua la Grande y sus descendientes, así como para africanos, principalmente de origen Congo, que desde toda la Isla se desplazaban al lugar a celebrar su afamada Fiesta del Santo, celebración dedicada a San Francisco de Asís, santo patrono del Cabildo Kunalumbo desde su origen y que se conmemora en fechas próximas a la onomástica católica de ese Santo, el 4 de octubre.

En el Kunalumbo se conserva lo que para muchos creyentes de las religiones afrocubanas de origen bantú es el Tambor Mayor de Cuba. Un tambor o caja identificada también como ngoma, nsumbi o Catalina, que es el nombre más popular por el que se le conoce entre los creyentes. Innumerables son los mitos y leyendas que se tejen alrededor de dicho Tambor Mayor, otorgándole a esta reliquia histórica, que aun se tañe en las celebraciones más importantes del Cabildo, la condición de Deidad.

El sabio cubano Don Fernando Ortiz participó de las celebraciones del Kunalumbo en el año 1947 y emocionado por sus ritos y danzas dejó constancia en su libro Los Bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba. Aquí Ortiz señala:

«También observamos la que puede ser una antigua danza cortesana en homenaje al dios y al rey. La titularíamos el Baile de la Bandera, pues las dos hileras de danzantes avanzaban rítmicas y quedamente tras una bandera azul que llevaba un abanderado haciendo figuras ondeadas con ella y luego, de  súbito, se inclinaban todos e iban rápidamente reculando hasta el lugar donde iniciaran la pantomima»/…/ .