miércoles, abril 24, 2024
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El derecho de soñar ha puesto merecidamente en su lugar a los hombres y las mujeres de la radio cubana, los de ayer y los de hoy. Ello, de por sí, honra y vale

En calles, casas y centros laborales, la novela cubana está en boca de muchos: para bien, mal o regular, pulgar arriba o abajo, generando empatía o antipatía hacia tal o cual personaje. A medio camino, cuando aún los entresijos de la trama no han cuajado a plenitud, se hace difícil emitir un juicio crítico responsable, que vaya más allá de una impresión parcial. Pero con independencia de lo que pueda resultar al término del metraje televisual, El derecho de soñar ha puesto merecidamente en su lugar a los hombres y las mujeres de la radio cubana, los de ayer y los de hoy. Ello, de por sí, honra y vale.

Al principio y al final de cada capítulo desfilan nombres entrañables, unos más conocidos que otros, mas todos imprescindibles en la historia y actualidad del medio radiofónico. ¿Qué faltan menciones? Ninguna lista es completa. La intención queda y siembra inquietud en los televidentes, tanto en aquellos que han sido fieles a la radio, como en los que no están familiarizados, a quienes, por cierto, se les abren las puertas de un conocimiento que, bien aprovechado, debe redundar en el ensanchamiento de horizontes espirituales. 

Los guionistas de El derecho de soñar, Ángel Luis Martínez y Alberto Luberta, son gente de radio. Uno ha desarrollado una consistente carrera en la escritura de libretos y el otro creció en el seno de una de las familias más aportadoras a la dramaturgia radiofónica, hijo de Caridad Martínez y del inolvidable Luberta de Alegrías de sobremesa. Cada pasaje plasmado en la telenovela lleva la impronta de un profundo conocimiento de causa.

De modo que nada es fortuito ni azaroso en el ejercicio memorial. Como cuando se trajo al presente una hazaña radiofónica de la magnitud de la emprendida por Cuca Rivero, al entronizar la iniciación estética musical en un espacio destinado a los escolares. La profesora invisible marcó una época. O como cuando, con el pretexto de que uno de los personajes protagónicos acomete el rodaje de un documental sobre El derecho de nacer y el centenario de la radio cubana, se funden ficción y testimonio, mediante la comparecencia de Joaquín Cuartas.

La autoridad de Cuartas se basa en un muy sólido prestigio labrado a lo largo de casi seis décadas de expresión en el medio. De cierta manera, él encarna la línea de continuidad y ruptura entre los códigos puestos en boga por Félix B. Caignet y las expectativas de los radioyentes de tiempos más cercanos. Hay  que valorar cómo no solo no rehuyó del melodrama, sino lo depuró y puso al día; prueba al canto, Cuando la vida vuelve. Mas, si de espíritu innovador se trata, tendría que revisarse su ópera prima, la adaptación de la novela Fahrenheir 451, del maestro estadounidense Ray Bradbury.

Cuartas lanzó una opinión lapidaria acerca del destino de la radio cubana a cien años de su estreno. En efecto, vivimos una etapa crítica que se refleja de muy diversas maneras en el lenguaje, oficio y alcance de la radio. Palabras dichas por alguien que siente, padece, se entrega y, a la vez, enaltece la radio.  Pudieran parecer apocalípticas sus predicciones. Sin embargo, no lo creo. 

Recuérdese que vivimos tiempos en los que pareciera que la televisión pasa a un plano secundario, dada la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y de paradigmas de consumo cultural asociadas a estas. Pero justo en estos tiempos es que se hace necesario evocar hitos y raíces, y reivindicar lo que ha representado –y sigue representando– la radio en el imaginario popular de los habitantes de nuestro archipiélago. Ningún medio excluye; la radio convive con el cine, la televisión, internet, las redes digitales, las transmisiones en streaming y cuanta novedad mediática salga adelante.

Tomado de CMHW: https://www.cmhw.cu/radio-adentro/gente-de-radio

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