La presencia de Raúl en la Plaza del Che no fue la de un mero testigo, sino la de un eslabón entre el sacrificio de ayer y la fuerza de millones de cubanos y cubanas que jamás se rinden.
Era el 8 de octubre de 2009 cuando el General de Ejército Raúl Castro Ruz caminó entre helechos y palmas reales en el Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara de Che en Santa Clara, no llegaba solo.
Junto a su entereza moral, junto a su valor de eterno Guerrillero, venían 69 combatientes del Frente de Las Villas, caídos durante la guerra de liberación, que al fin regresaban a casa. En ese abrazo del pueblo, en ese silencio, en ese respeto, estuvo el líder.

Raúl no ocupó un sitial distante; su presencia entonces, no fue la de un mandatario, sino la de un camarada que también había empuñado el fusil en la Sierra.
Reday René Armas Álvarez, director del Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara, de Santa Clara, ofreció su testimonio a esta emisora.

Uno de los momentos más profundos llegó cuando el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés, flanqueado por el propio Raúl y el Comandante Faure Chomón, prendió la llama eterna en la cúspide del monumento.

Así, la presencia de Raúl en la Plaza del Che no fue la de un mero testigo, sino la de un eslabón entre el sacrificio de ayer y la fuerza de millones de cubanos y cubanas que jamás se rinden.








