Manifiesto de Montecristi, la cristalización de los sueños libertarios martianos

Tomado de CMHW
25 / Mar / 2026

El 25 de marzo es una fecha que marca un hito en la historia de Cuba; ese día, dos grandes, el General en Jefe Máximo Gómez y el delegado del Partido Revolucionario Cubano firman el documento programático de la Revolución por la verdadera independencia de la isla: el Manifiesto de Montecristi o El Partido Revolucionario Cubano a Cuba.

El 25 de marzo de 1895 José Martí está en Montecristi, había ido a reunirse con Máximo Gómez para partir hacia Cuba, luego del alzamiento del 24 de febrero, dos grandes suscriben el documento titulado El Partido Revolucionario Cubano a Cuba, conocido comúnmente como Manifiesto de Montecristi, por la localidad dominicana donde se rubricó este instrumento programático de la etapa inicial de la Revolución y su primer pronunciamiento general.

El Máster Adolfo Enrique Rodríguez Cima, profesor de la Universidad Médica de Villa Clara, presidente de la Cátedra Martiana en esa institución y miembro de la Sociedad cultural José Martí, asevera que es un hito en la Historia de Cuba, al trazar ideas claves.

«Una primera idea cardinal que no podemos olvidar y que Fidel recuerda una y otra vez como el mejor discípulo de Martí, y es que el proceso revolucionario cubano es único e ininterrumpido, Martí dice que la guerra de independencia de Cuba iniciada en Yara entra en una nueva fase, y es la continuidad de la Guerra de los Diez Años, de la Guerra fecunda y de la preparación cruenta que ha llevado Martí en estos años, el Apóstol es el ideólogo y artífice de la revolución», asevera el catedrático.

Según el experto, hay criterios esbozados en el Manifiesto de Montecristi que hoy cobran total actualidad, y puntualiza que «él dice que será una guerra breve, generosa, una guerra sana y vigorosa que tendrá como propósito independizar a cuba, y equilibrar al mundo».

Como su denominación indica, el valor, la disciplina y los principios consustanciales al Partido Revolucionario Cubano creado en 1892, irían al escenario de la guerra que había estallado, y en esencia, expone las condiciones socio-históricas para la reanudación de la insurrección armada, que era continuidad histórica de la gesta iniciada por Céspedes en el 68. Pero ¿qué guerra organizaba Martí? ¿qué República soñaba entonces el más universal de los cubanos? 

«Él dice que la Revolución no es la del campo de batalla sino la que se llevará en la república, explica en el documento la forma de gobierno que se pretende alcanzar, el cual debe ajustarse a las necesidades del país, a los intereses de los grupos sociales del país, sería una república democrática, como dijera en su discurso Con todos y para el bien de todos, donde esos todos están definidos, y quedan explícitos quiénes no formarán parte de ese grupo, tal y como sucede hoy en día», señala Rodríguez Cima.

En una de sus partes, esta Plataforma Programática señala: «Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América…(…) Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la República moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo».

Hay otras ideas en el Manifiesto de Montecristi que trazaron el camino de la Guerra Necesaria

De acuerdo con el investigador, Martí aclara que sería «una guerra, una revolución sin discriminación racial, sin miedo al negro, que fue una de las causas del fracaso de la Guerra Chiquita, de la Guerra de los Diez Años y dice que no puede repetirse en la historia ese fenómeno, porque aclara que sólo el que odia al negro ve odio en el negro, porque en los campos de batalla siempre han peleado juntos blancos y negros, porque la sangre de ambos se ha derramado y ha venido a servir de savia a la patria; también se refiere al papel del español en el proceso revolucionario, pues admite que los españoles honrados serán un elemento más del gobierno que ha de conformarse, y deja patente que el único enemigo de la revolución es el colonialismo español, y con esos no habrá acuerdos, una vez más suscribe que solo la independencia resolverá el problema de Cuba». 

El equilibrio del mundo deviene la otra obsesión del pensamiento martiano reflejada también en el Manifiesto de Montecristi.

«Vuelve nuevamente a hablarnos del equilibrio del mundo, un concepto clave de su previsión política, y entonces podemos entender hasta dónde estaba su sentido del sacrificio, la capacidad martiana de darse cuenta que había que unir América y que Cuba era un eslabón para alcanzar la segunda y verdadera independencia». 

Al firmar el Manifiesto de Montecristi, Gómez y Martí demostraron ante los ojos del mundo y de todos los cubanos, que, a pesar de criterios no coincidentes, la unidad es el talismán para conseguir los sueños.

Rodríguez Cima insiste en el criterio de la unidad por encima de cualquier divergencia.

«Simplemente vienen a Cuba dos de las tres figuras paradigmáticas de la revolución, la otra es Maceo, ahí está el sentido de unidad de dos generaciones diferentes y posturas diferentes, estamos hablando de un hombre con tremenda experiencia militar, con mucho cariño y reconocimiento del pueblo cubano, con mucho prestigio ganado en los campos de batalla desde la Guerra del 68, y otra personalidad que no ha sido combatiente de esa lucha, pero es el gran ideólogo de la nueva contienda, y entonces, los principios estuvieron como elemento aglutinador para superar esas discrepancias. Ambos entienden su papel en la revolución.  ¿Con quién viene Martí a Cuba? Viene con Gómez, ¿con quién sufre penurias cuando llega, con quién sube lomas? Dice Gómez que él se sorprende de aquel hombre de pequeña estatura, que sube lomas con una mochila pesada al hombro, sin experiencia militar supera las mismas dificultades que los más veteranos sin quejarse, esa es la historia de Cuba, y esa es la historia de Cuba, esos son los hombres que hacen la historia de este país, y ahí están Martí y Gómez para enseñarnos que la unidad es imprescindible para lograr el objetivo común». 

Manifiesto de Montecristi, el Partido Revolucionario Cubano a Cuba, 25 de marzo de 1895 fue el programa de la Guerra Necesaria por la independencia de la isla, y la cristalización de los sueños libertarios martianos.Deje su comentario