Martí en su natalicio: el llamado de los árboles que frenan al gigante

Por: René Morales Muñoz
28 / Ene / 2026

Hoy, al conmemorar el natalicio de José Julián Martí Pérez, sus palabras resuenan con una fuerza profética y urgente. Ya no podemos ser «el pueblo de hojas que vive en el aire», a merced de los caprichos ajenos. Como él visionó, es la hora «del recuento y de la marcha unida», donde los árboles de América deben ponerse en fila, apretados «como la plata en las raíces de los Andes», para frenar el paso arrollador del gigante.

Este hombre sabio, capaz de adelantarse a su época, nos advirtió con claridad meridiana sobre las nefastas intenciones que ya entonces amenazaban a nuestra América. Su legado es una brújula para entender que la verdadera emancipación requiere, ineludiblemente, de una lucha antiimperialista. Martí percibió el peligro que corrían las nacientes repúblicas y nos alertó: la unidad no es una opción, sino una condición para la supervivencia y la dignidad. Debemos enfrentar como un bloque indisoluble al colonialismo y al despotismo, que busca anular al individuo y castigar la disidencia.

Para Martí, «Independencia es una cosa y Revolución es otra». Esta distinción es crucial. La revolución que él concebía era un proyecto ético y permanente, un camino que no se abandona «hasta que no se extingue la corona». Su concepto de política como el arte de «inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir reveses en fortuna», y de adaptarse sin traicionar el ideal, sigue siendo una lección magistral.

Hoy más que nunca, es hora de «hablar con la voz de América» y de las penas que nos agobian en este mundo vertiginoso. El primer deber, como él dijo, es «ser un hombre de estos tiempos». Debemos convertir la ciencia y la conciencia en armas de desarrollo, y convertirnos en ese mecanismo eficaz que impida que el imperio entre en nuestras vidas y arrebate a los pueblos su voz y sus esperanzas.

Que el pensamiento vigente de Martí, que inspiró a la Generación del Centenario y guía a Cuba, nos impulse a todos. Profundizar en su ética revolucionaria no es un ejercicio del pasado, sino un mandato para construir un futuro donde la dignidad sea, por fin, el sol de nuestra América unida.