A un lateral de la iglesia parroquial de Sagua la Grande, Villa Clara, en el parque que lleva su nombre. Constituye un tributo del pueblo a uno de los médicos más grandes que ha nacido en Cuba quien falleció el 17 de enero de 1912.
Se construyó en Roma, Italia, en el año 1910, en el taller del escultor cubano José Vilalta de Saavedra quien empleó en su confección mármol estatuario de la mejor calidad, procedente de las canteras de Ravaccione en Carrara.
Vilalta demoró unos diez meses en esculpir la estatua del célebre médico por la que cobró 25 000 liras como honorarios. Dicha cantidad se cubrió por suscripción popular en Cuba y a su consecución aportaron, sobre todo, los intelectuales y los ayuntamientos de Sagua la Grande y La Habana.
La estatua arribó a Cuba en septiembre de 1910 a bordo del vapor alemán Mary Menzel quien la transportó desde Génova hasta La Habana. Al llegar al país estuvo guardada en los almacenes de la Aduana hasta que se reunió el Congreso de la República en noviembre y aprobó su emplazamiento en la ciudad de Sagua la Grande.
El monumento fue inaugurado el 2 de enero de 1911 en esa villa y en su pedestal se grabaron las siguientes palabras de Albarrán pronunciadas en 1890:Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la grande nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la tierra en que nací.
Según la prensa de la época a Sagua la Grande arribaron en tren numerosos forasteros para asistir al acto. Desde La Habana se hizo presente una nutrida representación donde se contaban, entre otros, el Secretario de Hacienda, el Presidente del Ayuntamiento y el Presidente de la Comisión de Homenaje al Dr. Albarrán, Miguel Alcover.
Albarrán llegó a conocer del homenaje que el pueblo de su patria le rindió en vida y a través de una carta que entregó a su amigo Tomás Hernández le hizo saber a los cubanos con la humildad que siempre le caracterizó:Si el nivel de mi fama como clínico, ha alcanzado nombradía, muy lejos estaba de mi tal propósito. Solamente me guió el afán de ser útil a la humanidad para aliviar los males del riñón.
Al final de la carta expresó que llevaba a Sagua prendida en su corazón. No tuvo, sin embargo, la oportunidad de volver a pisar su ciudad natal pues la tuberculosis le arrebató la vida en París a la edad de 52 años Fuente: Monumentos de Cuba




