Raúl Castro: El indómito que el imperio no ha podido doblegar

Por: Gabriela Alcina Fernández
22 / May / 2026

En los últimos días, el gobierno de Estados Unidos ha vuelto a cargar contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, incluyéndolo en sanciones y acusaciones que no pasan de ser nuevas mentiras en el expediente del bloqueo. Lo llaman «terrorista». Lo señalan desde el poder más hipócrita del planeta, el mismo que financia guerras y arma genocidios. Pero Raúl, como toda su vida, sigue de pie.

De Birán al Moncada: un carácter forjado en batallas

Hay quienes nacen para seguir. Raúl nació para estar al lado de Fidel. No fue casualidad que en Birán sus dos camitas estuvieran siempre juntas. Desde niño fue el hermano leal, el que peleaba por Fidel, el que en el Moncada, ante el menor descuido de un centinela, le arrebató la pistola y lo encañonó en fracción de segundos.

Ese arrojo lo acompañó siempre. En México, en el Granma, en la Sierra, en cada combate, Raúl fue el segundo al mando más fiel que ha tenido Revolución alguna. Luego, al frente de las FAR, edificó un ejército que ha sido capaz de derrotar enemigos a miles de kilómetros de nuestras costas.

El que no se rindió cuando el mundo se derrumbó

Cuando cayó la URSS, los expertos del imperio sentenciaron: «Cuba no dura seis meses». Muchos en el mundo esperaban el colapso. Pero Raúl, como arquitecto de cambios imprescindibles, demostró que habían subestimado a este pueblo. Lo que se derrumbó no fue Cuba, sino la teoría imperial de que éramos un satélite de nadie.

Raúl no solo mantuvo la Revolución en pie, sino que la hizo más fuerte. Perfeccionó el modelo económico, impulsó el diálogo respetuoso con Estados Unidos cuando pocos creían posible, y en la cumbre de la CELAC en La Habana proclamó a Nuestra América como zona de paz.

Un cerco que no le asusta

Las sanciones de Washington contra Raúl no son nuevas. Llevan años intentando marcar su figura con fango, pero el General de Ejército sigue siendo, para Cuba, un símbolo de dignidad. «Raúl es de los que salen del cerco combatiendo», se dice en la calle. Y es cierto.

No se rindió en la Sierra. No se rindió cuando su hermano enfermó y tuvo que tomar las riendas. No se rindió cuando el imperio apretó el cerco. Y no se rendirá ahora, porque los Castro no negocian la dignidad.

Millones dispuestos a seguir combatiendo

Cuando Raúl cumpla 95 años, el pueblo no le regalará flores. Le regalará lo que él más quiere: la certeza de que su obra continúa. Que Díaz-Canel y los jóvenes cuadros que él forjó están al frente. Que en cada trabajador, en cada campesino, en cada soldado, vive su ejemplo.

Cuando la biología le pida descanso, y descanse junto a Vilma en la piedra del Segundo Frente, no habrá entonces un hombre menos. Habrá una bandera más. Otra bandera indómita, como la de Fidel, ondeando sobre este pueblo que no sabe rendirse.

Porque Raúl es, ante todo, un combatiente. Y los combatientes no se rinden, ni siquiera cuando el imperio los acusa. Siguen adelante. Como él. Como todos nosotros.